El primer tour de posguerra de la Segunda Guerra Mundial en 1947, sirve como debut- bautizo de uno de los corredores más peculiares del ciclismo mundial en toda su historia.
Nacido en un pueblo cercano a Zurich, y con 27 años se presenta en la línea de salida de la prueba francesa Ferdinand Kubler. Con un portentoso físico dada su elevada estatura, y sus músculos de pura fibra enseguida llama la atención de todos. Sobre la bici y en pleno esfuerzo tiene un rictus que asusta, con una nariz afilada y ojos enloquecidos. Su mote, el loco pedaleador le va que ni pintado.
Primera etapa de la ronda, y primera victoria. Vencería también en la quinta y se da cuenta de que es un hombre Tour, y tiene posibilidades de ganarlo, cosa que logrará en el de 1950.
Con un palmarés respetable, pero no magnífico, pasará a la historia por su forma de correr. Salvaje y alocada, casi violenta. Haciendo honor a su mote. No había medias tintas y arriesgaba el todo por el todo, aunque fracasase, siendo pasto de numerosas pájaras, y llegando incluso a tener que parar y bajarse de la bici para recuperar el aliento.
También era impactante verle atacando y pedaleando frenéticamente mientras gritaba a pleno pulmón, lo que impresionaba a sus rivales.
Como anécdotas más espectaculares de este personaje que pasará a la historia perpétua del ciclismo, me quedo con dos:
La primera y más conocida, aquella en la que en el descenso del Col D´aspin con una niebla casi cerrada, y en la que todos iban con una precaución extrema si correr riesgo, dado lo peligroso de la situación, unido además a un intenso frío con el que casi no se podía ni apretar las manetas de los frenos; aparece como un fantasma Ferdi Kubler, gritando a pleno pulmón más fuerte de lo normal, pasando uno a uno a todos sus rivales, los ojos medio idos y casi a ciegas. Demencial… Llegada a meta y todos asombrados se acercan a él.
- ¿Estas loco?- le preguntan - ¿Cómo se te ocurre arriesgar así?...
Ferdi señala sus frenos y entonces todos se echan las manos a la cabeza:
- Los frenos no me funcionaban- responde. El demente había hecho la bajada casi sin frenos.
Otra que pasará también al recuerdo es la etapa de Briançon- Saint Etienne en la que el suizo es lider del Tour. Su rival Louison Bobet que está a pocos minutos ataca, y pronto abre hueco dándose cuenta de que no es el día de Ferdi. El suizo pierde cuatro minutos sin poder hacer nada y empieza a desesperarse. Los testigos dicen que el suizo empieza a llorar a lágrima suelta. Ve como el tour se le escapa y las piernas no le van. Fruto de la desesperación empieza a lamentarse en voz alta mientras todos le miran sorprendidos, y poco a poco, los lamentos se tornan bufidos, después resoplidos agresivos, hasta que degeneran en gritos. Sus ojos se vuelven casi demoniacos y Ferdi empieza a darse golpes con los puños en los muslos mientras suelta improperios. El asombro reina entre los corredores que van en su grupo mientras ven como entre gritos el suizo empieza a coger ritmo. Cada vez va más rápido y uno a uno empiezan a quedarse de su rueda incapaces de seguirle.
Logra alcanzar a Bobet recortándole los 4 minutos y lo supera dedicándole en ese momento un grito inhumano… por descontado y tras esa exhibición, no hay lugar a dudas. Es el mejor, y vence el Tour.
Pasará a la historia como un ciclista tacaño que siempre viajaba en tercera y que amasó una gran fortuna a lo largo de su vida, con buenos negocios, ingresos publicitarios, y su forma de escaquearse en los pagos. Demostrado queda cuando en una etapa, promete a los miembros de la escapada que iban con él, que le lanzasen el sprint a cambio de pagarles 50000 francos suizos. Todos colaboran y Ferdi vence. Al final se acerca a uno de ellos y lo prometido es deuda, Ferdi paga los 50000, pero solo a uno de elos diciéndole que lo compartiese con los demás…-¿Y los 50000 de los demás?- le pregunta el corredor. –Ferdi prometió 50000 francos para todos, no para cada uno- le responde tajante el suizo.
Un personaje emblemático famoso por sus polémicas declaraciones y su rivalidad con Koblet, y que ya en su vejez seguía tan loco como siempre, llegando a casarse con una azafata a la que doblaba en edad.
Lo dicho, todo un personaje.